Ensayos

EL DESTINO COMPARTIDO.

Morelia, Michoacán; a 12 de noviembre del 2020.
La Ruta Humanista en la Educación.
Por. Sandra Olivia Cabrera Tapia.
Primera Parte.

Desde el punto de vista existencial el desarrollo se concibe como diferentes modos de existencia tendientes a llegar a ser. El hombre es un “ser arrojado” en tanto posee actos que no le pertenecen, pero de los cuales es responsable. El hombre no puede evadir sus emociones e impulsos, pero sí darles un cauce de acuerdo a su proyecto de vida y en eso reside la esencia de la libertad. En el desarrollo, la objetivación del yo es su creación, lo cual implica la trascendencia del ser, el ir más allá de sí mismo y en esta situación el hombre se encuentra originariamente en deuda, mientras no despliega sus potencialidades. El endeudamiento del ser le permite el ejercicio de la responsabilidad, el hombre siente e interpreta al mundo en función de sus motivaciones y el análisis de éstas nos revela el mundo del sujeto.

En el mundo de éste se halla su destino como la confluencia de su desarrollo personal y las posibilidades vitales para cristalizar sus aspiraciones dentro de la temporalidad de su existencia, a lo que Rogers llamaría “congruencia básica entre el campo fenoménico de la experiencia y la estructura conceptual del sí mismo” , un sí mismo que insiste en la unidad de la humanidad, en la capacidad del hombre por desarrollar sus propios poderes y para llegar a la armonía interior y establecer un mundo mejor.

Goethe mismo decía que “el hombre lleva en sí no solo su individualidad, sino toda la humanidad, con todas sus posibilidades, pero las limitaciones externas que operan sobre su existencia individual determinan que solo pueda materializar esas posibilidades en escala restringida”.

Por ello el humanismo brega por vencer esas “limitaciones externas”; podemos considerarlo como la finalidad del humanismo, en cuanto, “pensando en la perfectibilidad del hombre, ello depende de sus esfuerzos personales hasta el extremo de afirmar que el hombre plasma la historia y es el creador de sí mismo”.

“Humanismo implica la creencia en la realidad de la especie humana y en el poder del hombre para perfeccionarse a través de sus propios esfuerzos”, podemos definir algunos hitos que se desprenden de ésta práctica humanista:

I.- La humanidad es integridad que conduce a la sociedad.
II.- El encuentro, aparece como característica del ser humano.
III.- La preocupación de sí mismo por su desarrollo, es un rasgo
que caracteriza al ser humano.
IV.- Es también anhelo de convivir con sus congéneres en condiciones de igualdad.
V.- El hombre es sujeto y no objeto de la historia.
VI.- Lo esencial es su actividad creadora que lo conduce a su pleno desarrollo y liberación.
VII.- El hombre ejerce un acto libre, que es tal en la medida que transforma el mundo transformando su propio ser.

Protagonista, social y creador, concebimos al hombre ideal como el ser que viva unido con otros hombres en la comunidad de la libertad.

Entendemos que la elaboración de éstas propuestas para el ejercicio de una actividad educativa reveladora de humanismo es indispensable, así como el reconocimiento de que facilitar en los espacios educativos y culturales estos encuentros, deberemos colocar como vitales para el sentido ético en el ejercicio de la praxis social, los anteriores postulados del humanismo, que son válidos solo y a condición de que surjan de la conciencia colectiva, en cuanto implica conocimiento de sí mismo, como respuesta personal unificadora.

1Rogers, Carl R., Psicoterapia centrada en el cliente., Cap. XI, Ed. M.C. México 2000
2Fromm, Erich., Problemas de la ética humanista. Ed. Castellana. Ed. Fondo de cultura económica. 3México. 1945
4Fromm, Erich Op. Cit.
5Fromm, Erich., Humanismo socialista., Ed. Castellana. Ed. Paidós. Bs. As. 1966.

LA ESPERA POR EL SENTIDO DE VIDA.

La Ruta Humanista en la Educación.
Por. Sandra Olivia Cabrera Tapia.
Segunda Parte.

Todo buen educador debe ser, a su modo, un humanista; no en vano se ha dicho que el nuestro es el tiempo de los “humanismos”, en particular cuando se reconoce la grandeza del hombre, manifestando, sosteniendo y favoreciendo su dignidad total, en este ejercicio ético se presentan diversas situaciones que, junto a una formación profunda y un conocimiento del hombre acorde con su naturaleza espiritual y trascendente, demandan una actitud de servicio, es decir, la disposición arraigada de ayudar al otro, en la que confluyen el intelecto, la afectividad y el hacer; aún más, esta actitud debe regir no solo en el quehacer laboral, sino en todo momento, y de forma permanente, dada la índole de la tarea, si entendemos, que la función de servicio consiste en desdoblar los espacios facilitadores que resalten la integridad del servidor, en el estar doblemente, se entiende la disposición, … Experimenta un genuino interés por todo lo que pertenece al campo de la experiencia no solo propia sino de los demás. Es capaz de escuchar con atención no dividida y de transmitir de forma clara, directa y personal la comprensión de lo captado, no evalúa la comunicación ni la conducta de los demás… Es acogedor, cálido, y espontáneo… Capta los significados y los matices de comunicación de forma concreta… Se manifiesta con respeto y ofrece sus puntos de vista como hipótesis tentativas para estimular y facilitar la participación, no para ajustarlo a cuadros diagnósticos pre elaborados… Acepta la crítica dirigida a él como uno de tantos elementos del aprendizaje en común…” 

Es así que existe una condición importante requerida a todas las manifestaciones de la actividad humana. Ninguna puede funcionar adecuadamente sino es por medio de mentes libres para explorar el mundo en sus manifestaciones propias y particulares, mucho menos la actividad de la verdadera enseñanza.

Es de Aristóteles la afirmación que observa al hombre virtuoso, como el que, por su actividad, guiado por la razón, da nacimiento a las potencialidades específicas de los seres humanos; mientras Goethe en el Fausto asume la posición de que merece la libertad quien diariamente sabe conquistarla.

Esta libertad entonces, se extiende en el desarrollo de los propios métodos según la circunstancia lo demande; debe existir libertad, si la razón y la libertad son el fundamento del humanismo; humanismo que en sí mismo, desde la filosofía existencialista que le aviva, es un compendio de todas las cosas que hacen que la vida valga la pena de ser vivida.

Ante el dilema de la sociedad actual: alineación o libertad, una política humanista tal como la estamos definiendo, conduce a la concepción de un esfuerzo por hacer auténtico el proceso de transmisión de conocimientos que revele a hombres libres, generosos y creadores, haciendo valer el riesgo para la sociedad de contemplar lo contrario, justo para que ésta pueda acomodarlo en el concierto de sus reales y entendidas expectativas de vida.

¿Utopía?

Creemos que existe en el ser humano materia para lograr su conversión en realidad, ya que el hombre con ansias de liberación está consagrado completamente a este logro y brega por conquistar una vida significativa y valerosa, que vive para sí y para los demás, que siente el bienestar de los demás como si fuera el suyo propio, porque, fruto del pensamiento humano, es posible precisar el camino a seguir; nos lo señala la ética, al sostener que la ciencia debe estar siempre contra el dirigismo, defender la libertad para armonizar progreso técnico con progreso social, para lograr el desiderátum de que la sociedad tome la responsabilidad de su propia evolución.

Porque, partiendo de la comprobación que el antagonismo entre las fuerzas productivas y las relaciones sociales, es un hecho característico de nuestra época, palpable, abrumador e incontrovertible, declaramos que el hombre es lo más elevado para el hombre, el hombre debe querer servir al hombre y que, en consecuencia, cuanto más grande es nuestro poder material, mas necesidad tenemos de impulsos espirituales y coraje para emplear nuestras fuerzas para el bienestar; de esto trata el énfasis humanista y la consecuente manera de abordar todo tipo de relaciones sociales, que deben ser de ayuda, máxime la relación política que debe emanar de lo social y su actividad, actividad para reaprendernos como personas en constante crecimiento y apertura, personas creadoras de múltiples espacios.

A partir de la categoría de “relación”, entendida no como categoría lógico-formal sino como categoría concreta y viva, encontrada fenomenológicamente en la experiencia, es que podemos encontrar fundada la categoría de “sustancia” como sustancialidad de lo humano; en tanto es precisamente de la relación de donde nos viene la sustancialidad o es allí mismo donde existe y no ajena a ella.

Y Rogers agregaría dejándonos un reto sustancial, que “Políticamente, entonces, si estamos buscando una base confiable desde la cual operar, nuestro mayor objetivo sería descubrir y posiblemente incrementar el número de individuos que están cerca de convertirse en personas plenas, que se están moviendo hacia un conocimiento de, y hacia una armonía con su experiencia más interna, y quienes reciben, sin ninguna defensa, todos los datos provenientes de personas y objetos en su medio ambiente externo. Estas personas constituirán una corriente creciente de sabiduría en acción”

[1]Adaptación mía de Lafarga, Juan., Más allá de la psicoterapia tradicional. en UVAQ. Antología Fundamentos de psicología Humanista pp. 42. 
[6]Rogers, Carl. Cap. II Una base política: La tendencia actualizante, en UVAQ. Antología Fundamentos de psicología humanista, PP. 174